LA DURA REALIDAD DE LOS REFUGIADOS
Cuando alguien se ve obligado a huir de su país a causa de la guerra o de la pobreza, se necesita un lugar seguro donde vivir con unas condiciones dignas: los campos de refugiados. Se crean con el fin de acoger a estas personas durante un período determinado, y donde asociaciones y ONGs, les entregan productos de primera necesidad y atención médica.
Esa ayuda humanitaria que no muchos tienen la oportunidad de ofrecer y conocer en primera persona, esa realidad que sufren muchas personas que viven día tras día en los campamentos de refugiados. Un voluntariado que a través de la plataforma Servicio de voluntariado europeo aspira a promover el voluntariado y la movilidad internacional de jóvenes para que hagan voluntariados a través de subvenciones europeas.
Ibrahim Messaoudi se ofreció a vivir esta experiencia.
Turquía es uno de los países con más concentración de refugiados sirios porque “es un país transitorio hacia Europa, un destino bastante recurrente para personas que huyen de conflictos o de pobreza”, explica.
Las asociaciones u ONGs que se desplazan a los campamentos de refugiados, suelen ofrecer varios proyectos. Ibrahim cuenta que no vas a un campamento con una sola función, sino que vas alternando cada semana. “Principalmente, a quién atendemos son niños, entonces el proyecto es educativo. Damos clases de inglés y coordinamos el ocio y el tiempo libre. Hacemos actividades lúdicas, artísticas y deportivas”, y “por otro lado, también con madres viudas y niños huérfanos, a quienes repartimos comida como dos veces por semana”. Es de vital importancia recordar la dura realidad que viven esos niños, “crear ese espacio donde los niños pueden tener su espacio de ocio y de juego”. Pero también existe un apoyo escolar “ en mi caso, daba clases de árabe, porque había niños que habían salido de su país muy pequeños y no les había dado tiempo ir al colegio. También se daban clases de español porque había un grupo de sirios que tenían planeado pedir asilo y venir a España”.
No todos los refugiados viven en campamentos alejados de la sociedad, muchos de ellos viven en las ciudades, en casas de alquiler, incluso en las calles, pero reconoce que “la situación es muchísimo peor en los campos, controlados por el ejército. Solo se puede entrar si tienes una autorización especial”. Algunos tienen la suerte de poder abrir sus negocios e integrarse. El tema de los refugiados sirios en este país “es un tema bastante polémico, controvertido y delicado”, confiesa Ibrahim.
A pesar de la dura realidad y “el brutal exceso de racismo anti sirios” Ibrahim define la experiencia como muy bonita y en la que aprendes mucho, y está convencido de que seguirá haciendo voluntariados con refugiados, con quienes reconoce que “mis niños son encantadores y te quieren desde el primer día. No me pude despedir de ellos cuando me volví porque me daba mucha pena después de haber creado un vínculo tan bonito”.



